Posteado por: benditalisergia en: junio 23, 2010
Hace mucho tiempo que tengo una iguana amarilla viviendo dentro de mi piano (sé que es algo difícil de entender, pero sinceramente no espero que lo entiendan, yo ya perdí mucho tiempo tratando de hacerlo así que, ni lo intenten). Lo curioso no es la iguana amarilla que vive dentro del piano de un pintor (porque efectivamente, soy pintor) sino el hecho de que la iguana amarilla que vive dentro del piano del pintor sabe (por esas cosas del destino) tocarlo a la perfección. Y no sabe tocar cualquier cosa, no señores, y no, mis estimadas e incrédulas damas, la iguana amarilla que vive dentro el piano de este pintor sabe tocar las más complicadas, deliciosas y magníficas composiciones en piano. ¿No me creen? Basta con que se acerquen a dos pasos de mi puerta, pongan despacito la oreja izquierda sobre el bordecito tambaleante de la madera y se queden ahí esperando por el primer acorde. Les aseguro, con total orgullo, que mi iguana amarilla los va a sorprender. Pero si de pronto al tener la oreja izquierda posada suavemente sobre la madera de abeto, no escuchan nada… les sugiero que toquen y pasen a mi morada, entren por el living, salten los pinceles, miren los cuadros, se coman una que otra galleta de avena, compren un cuadro, se acerquen al piano, busquen en las cuerdas más allá de las teclas y encuentren a la iguana amarilla pintada en el bordecito más oscuro, descubran el mecanismo que hace que toque la melodía y luego lean la inscripción de más abajo: “gracias por comprar un cuadro, la curiosidad no mató al gato, le dio de comer a un pintor desempleado.”